Ensayo#09Operaciones

Fuimos los mejores en números. Y aun así, sobrábamos.

Gobernar un BPO es gestionar contradicciones

Un caso real de banca, subrogación y estrategia global mal aterrizada muestra por qué dirigir un BPO exige equilibrar eficiencia, empleo, margen, conocimiento y riesgo a la vez.

Por Jesús Pinar10 min de lectura

Desde fuera, dirigir un BPO puede parecer un ejercicio de control: cumplir niveles de servicio, proteger el margen, gestionar personas y mantener satisfecho al cliente. Desde dentro, la realidad es bastante menos ordenada. Mejorar la productividad puede reducir empleo. Proteger el conocimiento puede deteriorar el margen. Ganar un contrato puede aumentar el riesgo. Y conservar una operación rentable puede comprometer el futuro de la compañía.

Gobernar un BPO no consiste en eliminar estas contradicciones. Consiste en reconocerlas antes de que se conviertan en una crisis. Hace relativamente poco viví un caso donde las cuatro aparecieron a la vez, sobre la misma mesa.

Un caso con las cuatro contradicciones sobre la mesa

Una operación de atención al cliente para una entidad bancaria estaba repartida entre tres proveedores: dos de tamaño más pequeño —el nuestro entre ellos— y uno grande, que manejaba un volumen similar al nuestro. Entre los tres, sumábamos más de mil personas en España.

Nosotros éramos, con diferencia, el proveedor más rentable de los tres. Habíamos desarrollado una asignación interna de habilidades que nos permitía responder mejor a los patrones reales de tráfico y mejorar simultáneamente productividad, calidad y margen.

Y aun así, no fue el rendimiento lo que decidió nuestra continuidad. El cliente decidió reorientar su estrategia: quería proveedores globales, con presencia en Latinoamérica, capaces de sostener una futura venta cruzada y una diversificación hacia operaciones offshore. Nosotros no teníamos operación en LatAm. Daba igual que fuéramos los más rentables de los tres: no encajábamos en el criterio nuevo.

Hacerlo mejor que nadie no garantiza continuar.

Crecer, o simplemente ser distinto, puede aumentar la fragilidad

La propia estrategia del cliente tampoco estaba completamente resuelta: pretendían que proveedores con más músculo financiero fueran desmontando progresivamente la operación en España a favor de Latinoamérica, sin haber aterrizado del todo el impacto. Ni siquiera estaba claro que atender a un banco desde fuera de la Unión Europea, con los datos que eso implica, fuera jurídicamente viable sin más análisis. De hecho, los propios proveedores grandes empezaron enseguida a poner límites al cliente, precisamente porque su marco jurídico gestiona el riesgo de forma muy distinta a la de un BPO pequeño.

El crecimiento no siempre fortalece a quien lo busca, y la exclusión no siempre debilita a quien la sufre.

La eficiencia puede destruir el modelo que la financia

Nuestra rentabilidad dependía de una gestión fina del tráfico que, en la práctica, competía con la lógica oficial del cliente. Éramos eficientes para nosotros; para el cliente, éramos un proveedor más entre tres, evaluado con un criterio que no tenía nada que ver con esa eficiencia.

Proteger a las personas no siempre significa conservar todos los puestos, ni el mismo equipo

El convenio de contact center prevé mecanismos de reparto de volumen y subrogación de personal cuando se pierde una licitación. En aquel caso, la aplicación de ese mecanismo condujo a una redistribución del volumen y de parte de la plantilla entre los adjudicatarios, priorizando la ubicación geográfica sobre las habilidades: la gente se quedó en su misma ciudad, pero mezclada entre distintos proveedores, sin criterio de continuidad de equipos ni de procesos. El resultado fue una pérdida de sinergias e incertidumbre para las personas.

Lo que al principio fue un golpe financiero para nuestra empresa —dejar de facturar ese volumen— se convirtió, con el tiempo, en un alivio: reducíamos nuestra exposición a un pasivo laboral que solo iba a crecer. Mientras tanto, el cliente seguía ajustando unilateralmente su aplicación de voicebots, reduciendo actividad progresivamente, lo que obligaba a ir despidiendo a varios centenares de personas de esa operación por fases.

El conocimiento es imprescindible, pero alguien tiene que pagarlo

Nadie tomó la decisión de «romper el conocimiento acumulado» en esta operación. Fue una consecuencia de cómo se gestionó la subrogación: mezclar equipos por ubicación en vez de por función rompió las sinergias operativas que habían tardado años en construirse.

El conocimiento no se perdió por una mala decisión aislada. Se perdió porque nadie evaluó ese coste antes de fijar el criterio de reparto.

El convenio protege, pero también define riesgo empresarial

El mecanismo de subrogación fue precisamente lo que determinó cómo se repartían más de mil personas entre tres empresas con estrategias, tamaños y apetitos de riesgo completamente distintos.

El cliente pide estabilidad y flexibilidad al mismo tiempo

El cliente quería, simultáneamente, proveedores con presencia global y una transición inmediata que desmontara la operación local. Ambas cosas eran legítimas por separado. Juntas, sin un plan de impacto operativo, laboral y legal claramente evaluado, generaron una contradicción sin resolver.

Operaciones protege el servicio y también el negocio

Nuestra respuesta, cuando llegó la decisión del cliente, fue acatarla y colaborar activamente en la salida. Gestionar bien esa salida, en vez de resistirse a ella, terminó protegiendo a la empresa de un riesgo laboral que solo iba a crecer con el tiempo.

Preguntas abiertas

¿Qué ocurre cuando el criterio de continuidad de un cliente deja de ser el rendimiento? ¿Quién evalúa el coste de romper sinergias de equipo antes de fijar un criterio de subrogación? ¿Debería una estrategia de diversificación geográfica aterrizarse legalmente antes de anunciarse a los proveedores? ¿Qué distingue, en la práctica, una salida bien gestionada de una mal gestionada, si en ambos casos se pierde el contrato?

Cierre

Gobernar un BPO no consiste en mantener simultáneamente satisfechos al cliente, a la plantilla y a la cuenta de resultados. Eso no siempre es posible. Consiste en entender las consecuencias de cada decisión, anticipar dónde se acumula el riesgo y evitar que una contradicción conocida se convierta en una sorpresa empresarial.

La calidad del gobierno no se mide por la ausencia de contradicciones, sino por la capacidad de hacerlas visibles.

(Caso real anonimizado: sin nombre de banco ni proveedores; magnitudes redondeadas deliberadamente.)

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